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01/
Firma y Valores

ZEAL ABOGADOS



¿Por qué Zeal?



Mucha gente nos pregunta el porqué del nombre del despacho y si tiene algún significado especial. Pues bien, la realidad es que cuando (en mitad de una pandemia mundial y una cada vez más acuciada crisis económica) decidí lanzarme a la aventura y asumir el riesgo de independizarme, dejando atrás el cobijo de las grandes firmas internacionales, para montar un despacho propio, una de las primeras cosas que hice fue tratar de encontrar un nombre para el despacho que pudiera transmitir la idea, lo que yo, personalmente, entendía que debía representar el ejercicio de la abogacía.

Algo que inicialmente me pareció que sería fácil, sin embargo, se complicó. Durante varias semanas no fui capaz de encontrar una palabra que reflejara esa idea que llevaba en mi cabeza, hasta que por fin “apareció” el término inglés “ZEAL”.

La palabra, por sí misma y su significado (su traducción más sencilla sería algo así como “gran entusiasmo, afán o celo, en lo que haces”), ya me pareció una buena opción como nombre para este nuevo e ilusionante proyecto, pero fue sin duda, cuando la vi incluida en la traducción en inglés de un famoso proverbio de Confucio, lo que me terminó de convencer.


El proverbio en cuestión (que hoy es el lema del despacho, y que además tratamos que sea el criterio inspirador del funcionamiento en el día a día del mismo) decía lo siguiente:

“When you are laboring for others let it be with the same zeal as if it were for yourself”.

Ese consejo (“cuando trabajes para los demás, hazlo con la misma dedicación como si fuera para ti mismo”), me pareció desde el primer momento que reflejaba perfectamente lo que quería que fuera el despacho y como quería que trabajáramos en el mismo..


Desde que empecé a ejercer...



Hace ya más de quince años, creo que siempre he tenido el problema, y a su vez la gran ventaja, de que cada asunto y cada posible problema de un cliente, se convertía al momento en mi propio problema. Se quedaba en mi cabeza y me lo llevaba a casa cada noche, cada fin de semana.

Nunca he sido capaz de abstraerme. Pero hoy, pasado el tiempo, entiendo que quizás, esa capacidad de asumir y sentir como propios los problemas y los proyectos de los clientes, es lo que te permite en muchos momentos dar lo mejor de ti mismo y no parar hasta tratar de encontrar la mejor solución o el resultado óptimo para el cliente.

Precisamente, ese mismo exceso de empatía es lo que hizo que desde que empezara a ejercer, haciendo las prácticas en un derecho generalista, me diera cuenta de que no era capaz de dedicarme a determinados asuntos o áreas del derecho (como los relacionados, por ejemplo, con el derecho de familia o el derecho penal), lo cual, por fortuna, me llevó decidir realizar un máster en asesoría jurídica de empresas y especializarme en lo que, podríamos llamar, el derecho de los negocios.

Y ésta, precisamente, es la segunda idea que tenía clara cuando decidí iniciar este proyecto: La necesidad de especialización.


Como he comentado previamente, yo me di cuenta muy pronto del tipo de ejercicio al que me quería dedicar. Personalmente, me siento cómodo negociando operaciones, discutiendo contratos, preparando temas societarios, reestructuraciones empresariales, etc

Otras personas, se crecen claramente y dan lo mejor de sí mismo en los tribunales en mitad de un juicio. Otras se mueven como pez en el agua entre administraciones públicas. Otras son especialmente minuciosas y perfeccionistas, o especialmente creativas. Y cada una de ellas se ajusta sin duda mucho mejor que otras a determinadas ramas o especialidades del Derecho.

Lo anterior, además, no es sino una parte del otro elemento que considero determinante para conseguir prestar el mejor servicio posible a los clientes, cuál es la especialización en la formación y en la experiencia propia en un área concreta del derecho.


Personalmente soy un firme defensor de que, hoy en día, con la gran profusión normativa con la que nos encontramos en todos los ámbitos, es absolutamente imposible “saber de todo”.

Por ello, creo que es imprescindible la especialización, y el contar en el despacho con profesionales con conocimientos y experiencia específica en aquellas áreas en las que pretendan prestar servicios, así como saber decir que no (algo extremadamente difícil y poco habitual en nuestra profesión), y recomendar al cliente a otros compañeros o profesionales que sabes que le van a prestar a tu cliente el servicio que realmente necesita mucho mejor que tú mismo o incluso que tu despacho.

Por ese motivo, la idea principal al poner el funcionamiento ZEAL era tratar de conseguir el (dificilísimo) equilibrio entre disponer de los profesionales adecuados para prestar nuestros servicios con el nivel de profesionalidad y especialización que entiendo debe resultar exigible por los clientes y, al mismo tiempo.

Prestarlos desde una perspectiva alejada al tipo de ejercicio que se vive en muchos casos en el día a día de las grandes firmas internacionales o nacionales, intentando prestar nuestros servicios profesionales a los clientes desde la cercanía, el contacto personal, la empatía y la consideración de que cada problema o cada proyecto de cada uno de ellos, es un problema o un proyecto de ZEAL.


Así, desde la más firme intención (y deseo) de ejercer una abogacía dinámica, proactiva, especializada y cercana, y de ayudar a nuestros clientes con toda nuestra dedicación, esfuerzo e interés, trabajando en cada asunto como si fuera para nosotros mismos, nace ZEAL.

Nos podrá ir bien, o nos podrá ir mal, pero esa es y va a ser siempre nuestra filosofía. Confiamos en que la compartáis con nosotros.

Pedro J. Albarracín Morante.
Socio Director.